La figura de la alfombra afloró a la superficie. Ese es el modo en que él sabía que ocurriría; la verdadera razón -usted no llegó a entenderlo en lo más mínimo, pero supongo que ahora se lo puedo decir- por la que se fue y por la que yo consentí que lo hiciera, era justamente esta. Sabíamos que el simple cambio lo haría posible: que las diferencias de filosofía, de escenario, bastarían para que se produjese el toque decisivo, el golpe mágico. Nuestros cálculos han resultado perfectos, admirables.
Estas palabras muestran ligeramente lo que encierra este pequeño libro: el autor envuelve a través de uno de sus personajes escritores a un crítico literario. Con fama y reconocimiento, le hace saber que, aunque haya leído de forma atenta su obra, no ha descubierto el secreto que encierra.
Y tras envolver al protagonista, nos introduce a nosotros en su misma broma literaria. Una persecución perseverante del secreto, pistas que va recogiendo… hasta llegar a lo inevitable. ¿Cuánto hay de cálculo y certeza, de verdad y de ficción?
