Han pasado ya dos semanas, ¡qué rápido pasa el tiempo!, y todo fue casi por casualidad, si es que realmente existe.

Una profesora de Lengua del Instituto de Sotillo contactó conmigo por medio de una amiga común: Salomé me contó en pocas palabras acerca de su proyecto literario con los alumnos de secundaria. Su objetivo es

dar a conocer a los alumnos la fuerza inspiradora de la Naturaleza de nuestro Valle [del Tiétar] y al mismo tiempos que los alumnos valoren los distintos géneros literarios en los que el pensamiento humano puede tomar forma expresiva: narraciones (leyendas, breves cuentos) y poesía (género lírico como expresión más íntimamente relacionada con el sentimiento).

Éstas son sus palabras. Y a continuación vino la invitación: compartir mi experiencia literaria, especialmente lo que he escrito en este Valle tan bonito y realmente inspirador.

Es verdad que hace unos años escribí en el periódico local algunos artículos, y además tengo un par de poemas (sobre la luz del sol sobre las montañas, la gota de agua sobre una roca) y un relato con temática de aquí (la labor oculta de la cantería, auténtico arte). Sin embargo, tenía mucho nervio: hacía mucho que no hablaba o mantenía un coloquio con adolescentes, y mi deseo siempre es transmitir una pasión y una sensibilidad que son únicas a través de las letras (quien lo probó, lo sabe).

Me preparé como pude. Bueno, la preparación consistió en realidad en recopilar, imprimir, llevar los libros… Y lo que me terminó de empujar a la piscina y mostrarme tal cual soy fue precisamente Salomé.

Antes de la clase, me explicó mejor lo que hacía en sus clases. De repente, me vi presenciando a una Robin Williams actual, contagiando su amor por la literatura con su creatividad. Sólo le faltó recitar el ¡Oh, capitán, mi capitán!

Se me pasó volando la hora y me quedé impresionada de la atención, las preguntas, los poemas que habían escrito los chavales de 1°ESO, cómo los leyeron (con mucha vergüenza algunos), etc.

Salí conmovida y muy emocionada: una acción tan oculta al mundo y tan trascendente, porque al final se trata de «tocar» corazones aún inocentes y abiertos para mostrarles una forma de mirar, de relacionarse, de vivir.

Vuelvo a repetir la próxima semana: sólo me queda dar las gracias a Salomé por darme esta oportunidad y confianza de asomarme a su proyecto, que es ya una realidad presente. Ojalá sea el inicio de más proyectos compartidos.

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