Pero tú no puedes empezar. Eso sólo lo puede hacer un bebé. Tú y yo… pero si somos lo que ha pasado. La ira de un momento, mil imágenes, eso somos nosotros. Somos esta tierra, esta tierra roja; y somos los años de inundación, y los de polvo y los de sequía. No podemos empezar otra vez.
Años de plena crisis de los años 30 en América del Norte. Cientos de familias cargan sus hogares en camiones y se lanzan a la búsqueda de trabajo y dinero a California, la que parece la tierra prometida.
La familia se reunió en el lugar más importante, cerca del camión. La casa estaba muerta, al igual que los campos; pero el camión era algo activo, el principio viviente. El viejo Hudson, con la pantalla del radiador combada y rayada, con grasa en los glóbulos de polvo de los extremos gastados de toda parte móvil, con los tapacubos sustituidos por tapas de polvo rojo… Este era el nuevo hogar, el centro de vida de la familia…
Tom cumple su condena en la cárcel y empieza a vivir su libertad condicional. Regresa con su familia con unas vivencias difíciles de expresar. La descripción es pausada, ya que se recrea hasta percibir el polvo y la arena que se introducen en los pulmones.
Deciden entonces marcharse de allí: necesitan dinero para conseguir comida y sobrevivir, y se encaminan hacia California con los abuelos incluidos. No obstante, es solo el inicio de las penurias que los preparan para la pérdida: muerte, abandono, desilusión… Una de las hijas se encuentra embarazada y sólo mira por su bebé.
… la carretera se transformó en su hogar y el movimiento en su medio de expresión. Poco a poco se fueron acomodando a una vida distinta.
Apenas hablan cuando los momentos duros llegan. Parecería que se pudieran romper en cualquier momento. Sin embargo, los diálogos en muchas ocasiones son contundentes, dejando al lector pensativo. Madre, al principio callada, abnegada y dócil, irá exteriorizando la fuerza de su carácter por la dureza de las situaciones.
Una mujer puede cambiar mejor que un hombre-dijo Madre consoladora-. La mujer tiene la vida en los brazos. El hombre la tiene toda en la cabeza. No te importe. Quizá…
Difícil de condensar estas páginas y difícil de expresar la sequedad y grandeza que transpiran.
