Parece que tienes prisa.
Así, en el momento infinito,
en cada uno de ellos,
tienes prisa.
Sucesos que se enlazan
uno tras otro
sin apenas pausa.
Un cambio, luego
lo contrario
y
vuelta al punto de partida.
No. Ni siquiera.
Tal vez otro inicio,
otras pausas,
distintos hechos.
Pero sigues con prisa.
Desde el principio
algo duro, inasible.
Lo veo. En ellos, en mí.
Un ritmo;
el mismo, constante, huidizo.
Superficial y
a la vez
que agarra profundo.
Y con esa rapidez,
descolocar,
mover,
desaparecer,
arrancar.
Quizá tengas prisa.
Por juntar vida,
aprisionar una circunstancia con otra.
Por juntar muerte,
despojar una presencia con otra ausente.
Tienes prisa
para que acumule años
en apenas pocos días,
horas en unos segundos huérfanos.
Las pausas son nómadas vacilantes del tiempo,
esclavos del tuyo.
Tan solo son comas
que dejan respirar.
Son más bien empujones.
Sí, porque parece que tienes prisa.
Niña. Adolescente. Joven...
Todas adulteradas por la gravedad de los años.
Peso de una vida.
No, de muchas,
escondidas en una prisa.

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