Para que una obra literaria sea una metáfora, tiene que ser alegórica hasta la médula. Porque la buena literatura es siempre alegórica, es decir, dice algo distinto de sí misma, y esto que dice se reúne en una especie de totalidad, en una metáfora, que no puede expresarse de otra manera que justamente como se expresa en esa literatura.
Me recomendaron hace unos meses este libro donde Fosse conversa con un teólogo acerca de su conversión. Sin embargo, surgen otros muchos pensamientos que parece que, más que de fe, hablan de misterio. Es cierto que ambas guardan relación, y, por decirlo de algún modo, se exigen entre sí, pero Fosse abre el misterio al mundo, al ser humano, a la interioridad, a la realidad… y a la literatura. Aparecen muchos filósofos que le han marcado la trayectoria de su manera de pensar y de ver, existencialista.
A medida que transcurren las páginas y la conversación, vemos traducido en palabras el profundo pensamiento de este autor Premio Nobel. La fe es escucha, y Fosse defiende que él escribe lo que escucha:
Noto enseguida cuando el arte está centrado en el propio artista, cuando es autoveneración, y ese tipo de arte me produce rechazo.
Un escritor noruego, no recuerdo quién, dijo que para escribir bien no había que escribir sobre lo mejor de uno mismo, sino sobre lo peor. Y algo de razón tenía.
Mi ideal es evitar mis propias vivencias privadas. Nunca he usado nada que yo mismo haya vivido sin reescribirlo. Jamás. He probado a hacerlo, pero lo que sale no es literatura. La literatura hay que inventarla, hay que escucharla, sacarla a la luz y elevarla. Hay que darle vuelo. Debe volar.
Para mi propia escritura, esto implica ponerme escribir sin haber planeado nada. Simplemente me pongo a escribir. Y cuando empieza bien, el comienzo de alguna manera trae consigo todo lo demás, es curioso. Y en cierto momento del proceso de escritura, surge la sensación de que ya está todo escrito. Y ya solo tengo que pasarlo al papel antes de que se escriba. Para mí escribir es escuchar.
Me resultó interesante y, en cierto sentido, provocador, este modo de entender el acto de escribir y la literatura. Me hizo cuestionarme si sería posible escribir sin recurrir a mis experiencias, pues veía como inevitable volcar parte del «yo» en lo que se escribe.
Desde entonces, trato de «escuchar» más: no sólo dentro de mí, sino a lo que me rodea. Y la escucha tiene mucho de atención y de presente. He tratado de escribir sin pensar qué quiero contar, y esto ha supuesto un terremoto para mí: siempre he defendido mi necesidad de escribir para compartir, como una forma de comunicarme al margen del tiempo y del espacio. Ahora me lo cuestionó y aún no tengo resolución.
Fosse dice que
En la verdadera literatura no hay nada inventado, sino que dice algo decisivo de la realidad en la que vivimos, la propia literatura se encuentra escondida en la realidad en la que vivimos, en la que vivimos lingüísticamente, claro, así que la verdadera poesía existe en secreto en nuestro lenguaje cotidiano. Escribir literatura, poesía, es avanzar escuchando, y no inventar. Se trata, por decirlo así, de sacar a la luz algo que ya existe, y será por eso por lo que, en el encuentro con la gran literatura, a veces se tiene la sensación de ver algo que ya se sabía, sin ser consciente de ello. La poesía es lo contrario de las «oсurrencias», y de la «creatividad», que por cierto es una palabra que detesto. Y al escuchar, callas. Cuando escuchas, permites que se te diga algo. Y eso es lo que escribes.
El lenguaje se escucha a sí mismo, y el lenguaje es en sí mismo poesía, por citar una vez más a Heidegger.
¿Cómo combinar en la escucha realidad, que es la que vivo o «se me vive» alrededor, y escuchar la desnudez de una palabra, un mensaje? No niega lo que un poema (Fosse no distingue cuando habla de los distintos tipos de arte: en todo hay un poema que se escucha y se plasma) pueda decir de la realidad, y tampoco niega que gracias a él se mantiene viva la vida espiritual de una sociedad, de una persona.
Por ello, habla de hermosura, pero también de paradoja, de defectos, de dolor… Y esto, lo experimentamos. ¿Entonces?
Al final del libro, da una pequeña clave: escribir es concentración, para escuchar intensamente algo, y para hacerlo, hay que apartarse de uno mismo para descubrir que algo se está escribiendo en el interior de sí.
Alejarse de uno para no caer en la simple introspección, que nos conduciría al autorreferencialismo. Mirarse desde fuera para comprobar qué quiere ser escuchado, y entonces abandonar nuestras manos y nuestras mentes para transcribir lo que necesita salir a la luz.
Jon Fosse afirma que «el arte es capaz de abrir una senda entre lo creado y lo no creado». Y esto, es difícil de conocer por nuestros simples sentidos. Hace falta algo más.

Qué buena pinta tiene. Buena reseña.
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Gracias! Lo recomiendo vivamente
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