Agencia matrimonial sólo para ricos, de Farahad Zama

Colores vivos, música hindú, reverencias, “namaste”, miradas sumisas, matrimonios concertados… A esto se dedica el señor Ali: se aburre en su vida de jubilado, y su mujer no soporta más sus quejas. ¿Qué entretenimiento escoge? Montar una agencia matrimonia. Y así, además de distraerse, gana algún dinero extra.

Llega una familia: “Buscamos una novia para mi hijo con estos requisitos”. “La encontraremos”. Una boda. Llega una señora: “Estoy divorciada, ¿me pueden encontrar un hombre?”. El señor Ali responde con sinceridad: “Es difícil que alguien acepte segundas nupcias, pero pondremos un anuncio”. Un médico: “Mi madre busca una novia para mí”.

El trabajo se acumula, mientras el lector se hace una idea de la cultura hindú mezclada con ciertos momentos de risa. Aparece Aruna y resulta que es la secretaria perfecta. Le libera de mucho trabajo al señor Ali, y ella puede sostener económicamente a su familia. Se va descubriendo que ella no consigue casarse debido a la situación de penuria de su padre, ¿a causa de un fraude? No posee dote…

Todo se desarrolla con pinceladas pormenorizadas y pausadas, hasta que aparece Ram: un médico joven, apuesto, adinerado… Su familia busca una novia igualmente rica, culta, alta, rubia…

En este mundo tan distinto al occidental, ¿consigue el amor verdadero tomar la iniciativa y vencer los obstáculos culturales? ¿O será acallado por el dinero, el formalismo de que la familia apruebe el matrimonio, etc?

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                                  ELVIRA

2 Comments

  1. Hola, Elvira! Nunca había oído hablar de este libro, tiene buena pinta… Te quería escribir porque me ha recordado un poema de Tagore, que aquí te dejo, y a todos tus lectores… ¡Gracias!

    En Mi Cielo Al Crepúsculo

    “En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
    y tu color y forma son como yo los quiero.
    Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
    y viven en tu vida mis infinitos sueños.

    La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
    el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
    ¡oh, segadora de mi canción de atardecer,
    cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

    Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
    de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
    Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
    estanca como el agua tu mirada nocturna.

    En la red de mi música estás presa, amor mío,
    y mis redes de música son anchas como el cielo.
    Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
    En tus ojos de luto comienza el país del sueño”.

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