Últimamente voy de la mano de poetas: me mantienen los ojos abiertos. Pero no los ojos físicos, sino los de dentro, los que realmente captan lo real. Me limpian la mirada para poder encontrar la mano que necesito, la mano que aferra a la vida, que no me separa de la gente, que no me separa de mí…
Os deseo un feliz Año, aunque felicidad no quiere decir ausencia de dolores. Nuestras vidas no son comedias ni tragedias, son dramas: todo nos ocurre, y todo depende de cómo lo miremos para siempre aprender, crecer y dejar huella.
Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres (Julio Cortázar).

¡Feliz Año Nuevo! Ojala sepamos «mirar» de verdad, con los ojos de dentro bien abiertos, a lo que la vida nos ponga por delante.
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