Buena suerte, de David Baldacci

Desde que noté el primer volantazo seguido de la caída por un precipicio, me lancé a los asientos traseros: mis hijos. El tiempo en que el coche descendía por la pendiente, volcando una vez y otra, se me hizo eterno. Jack salió disparado por su puerta…

Al parar, salimos a duras penas Lou, Oz y yo. Y le vimos… no había nada que hacer: el fin de un escritor, de un marido y de un padre. Antes de que una nube me paralizara todo el cuerpo durante meses, Lou, mi hija mayor de doce años, me miró con odio: yo había provocado sin querer la discusión que propició el accidente. Y ella adoraba a su padre…

Desde ese instante, aunque sané de mis heridas y contusiones, me quedé inmovilizada. Oz hacía lo imposible para “despertarme”, pero Lou le desanimaba diciendo que no valía la pena.

Nos han trasladado a Virginia, a las altas montañas, donde vive una abuela de Jack. Van a conocer el mundo del campo, del corral, de las minas… Lo salvaje, lo árido, y la riqueza que esconde.

¿Qué será de ellos? Están acostumbrados a la vida en Nueva York… ¿Se defenderán de la vida dura y salvaje? Mientras, yo… escucho sin mover siquiera los ojos, quieta… ¿tendré de nuevo el aliento, el motivo, la fuerza para zafarme de esta capa de acero que me aprisiona?

elvira.png
                                  ELVIRA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s