El sol de los Scorta, de Laurent Gaudé

El sonido asfixiante de las chicharras nos acompaña durante la lectura del libro. En lugar de pasar páginas, vamos caminando sobre una tierra que desprende calor, hasta el punto de meterse en cada poro del cuerpo. ¿Qué hay tras este andar acompañados del sonido constante de las chicharras? Una lucha. Lucha sofocante y ardua contra el destino, contra la sangre que corre por las venas de los personajes, contra la tierra que los vio nacer, crecer y morir.

La idea de pertenecer a un clan robustece las relaciones entre sus miembros, e igualmente fortalece su ánimo para enfrentarse a lo que eso significa. Ser un Scorta es sinónimo de ser un desgraciado, un maleante, un golfo… Un desalmado en su sentido literal. El hecho de asumir ese apellido conlleva un pasado oscuro y una unión estrecha a la tierra de Montepuccio. Dicha unión les lleva a afrontar cada día con sudores nuevos. “Los momentos de mayor felicidad están hermanados con el sudor, con el cansancio”. ¿Qué clase de felicidad buscan los Scorta? Es la única, parece ser, a la que pueden acceder los pobres.

Se trata de una felicidad oculta a ojos ajenos y que ellos procuran transmitirse de generación en generación. El secreto corre de tío a sobrino, de padre a hija… Secreto que únicamente se entiende después de haberlo vivido.

El paso cansino, el sudor, las chicharras, la arena ardiente… junto con el néctar de la satisfacción.

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