La mujer de la libreta roja, de Antoine Laurain

 

Un atraco: de madrugada, se para a buscar las llaves del portal, y todo sucede muy deprisa. Un tirón del bolso, leve forcejeo que acaba con un brusco empujón contra los hierros de la puerta, y una huida. Laure no tiene adónde ir ni a quién llamar, así que se dirige a un hotel para pasar la noche. Al día siguiente, va el recepcionista en su busca pues la mañana avanza… y aún no ha salido. Abre y la mujer, que la noche anterior había hablado confusamente acerca del atraco, permanece en la cama, duerme.

Se la llevan al hospital.

Mientras tanto un librero pasea por unas calles antes de comenzar su jornada laboral, y se lo encuentra: tirado sobre la cubierta de un contenedor, está el bolso. Sin móvil ni cartera, por supuesto. Tras un intento fallido en la comisaría, se lo lleva consigo.

“Miró interrogante a Laurent, que le mostró el bolso malva. Traigo un bolso que acabo de recoger en la calle. Eso sí que es una buena muestra de civismo, dijo el otro (…). Como puede constatar, prosiguió la voz viril, estas señoras están esperando, así que no podré atenderlo hasta dentro de, pongamos… una hora, dijo mirando el reloj. Su colega asintió con la cabeza en señal de aprobación. Quizá vuelva mañana por la mañana, sugirió Laurent”.

Y comienza su labor detectivesca. Observa todo el contenido del bolso y, tras vencer unos momentos de pudor, comienza a leer una libreta, donde la tal Laure ha volcado sus pensamientos, sus sueños… Después de seguir las pistas y varias vueltas, acaba alimentando al gato de Laure a petición de un compañero de trabajo de ella, que le confunde con su novio. ¿A qué se debe esta atracción irresistible?

“Xavier también se encontraba allí, en el jardín, estaba segura de haber oído su voz a lo lejos, cerca del árbol. Hablaba con su padre. Su madre estaba en la cocina (…). De pronto, los sonidos que le llegaron ya no tenían nada que ver con los del jardín. Dos voces femeninas comentaban los últimos episodios de una serie estadounidense. ¡Es un hombre, un hombre de verdad, exclamaba. Las voces se acercaron. Según Baulieu, debería despertar en un máximo de 72 horas”.

Laure comienza a mezclar las imágenes que tiene en la cabeza con la realidad. No distingue… No obstante, poco a poco se recupera, y decide seguir los pasos de aquel hombre que le ha dejado el bolso con todo su contenido encima de su cama… y su vestido recogido de la tintorería.

 

El autor logra mantener la atención de sus lectores, no sólo por la historia en sí, sino por su dominio del estilo narrativo indirecto libre, en el que se entrecruza la narración con los diálogos o pensamientos de los personajes. De esta manera, se agiliza la sucesión de páginas, y consigue transmitir el mundo interior de Laurent, de Laure, de los médicos…, con ideas confusas y aceleradas a veces.

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                                  ELVIRA

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