La gitanilla, de Miguel de Cervantes

La confesión de Miguel surgió cercana al desahogo. Un reconocimiento de lo inalcanzable de su deseo: la poesía; don que no le había sido otorgado de los cielos. Su ambición más profunda se vio truncada y, sin embargo, agradecemos que esto no detuviera el vuelo de su pluma.

De este modo quiero comenzar el mes de abril, el Mes del Libro; con un homenaje a un emblema de la literatura. Y lo hago tomando de la mano a una de sus Novelas ejemplares.

“La gitanilla” resulta de la unión entre lo picaresco, el rasgo bizantino, la vida de caballería, la novela pastoril y el ambiente cortesano. No se trata simplemente de una suma, sino que resulta una homogénea unidad: el mundo de los gitanos donde resalta la nobleza de sangre, sin poder ocultarla, con un “happy end” después de cierto dramatismo. Asimismo, aparecen sus deseos de rozar siquiera con los dedos la sublimidad de la poesía.

Personifica en Preciosa la auténtica nobleza de sangre tal y como se entendía en aquella época. Es una gitanilla discreta, graciosa, libre… Libertad que usa para el mejor fin, para el bien. Estos rasgos inherentes a su sangre facilitan el reconocimiento final (la anagnórisis) que nos conduce a ese final, con una moraleja bien aprendida para todos: los lectores de aquellos años, y los de ahora.

Escritor permanente, con obras que sobrevuelan el interior de la persona, alcanzando la universalidad.

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                                  ELVIRA

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