Anna Karénina, de F. Dostovievski

“Librarse de lo que le inquieta”, repitió Anna.

(…)

De pronto se acordó del hombre al que atropellaron el día de su primer encuentro con Vronski y comprendió lo que tenía que hacer.

Capítulos breves que dirigen nuestra mirada por diversos lugares, historias, situaciones… Una vez más, la literatura rusa se erige como experta en psicología mediante palabras descriptivas, sutiles y sencillas.

Un hombre elegante, con buena posición social, trabajador y fiel a su mujer. En una palabra: perfecto. ¿Pero es que la perfección atrae el corazón de una mujer joven y deseosa de un amor apasionado? La frialdad del marido se irá posando sobre su alma con un gran peso: asfixia y angustia…

Hasta el instante en que otra mirada se encandila de su dulzura, su modo de moverse… y le abre un panorama de amor, deseo, pasión, locura que comienza a llenar su corazón ardiente.

¿Por qué sentir remordimientos? ¿Y esa insatisfacción cuando se posee lo que se desea?

Son historias paralelas, y un país: Rusia. No obstante, se habla de nuestros deseos, desalientos y luchas… Nuestro reflejo transcrito en palabras acertadas y profundas. Pasado, presente y futuro: universal.

El hombrecillo susurraba unas palabras, al tiempo que golpeaba una barra de hierro. Y la vela a cuya luz había leído ese libro lleno de angustias, decepciones, dolores y desdichas, resplandeció con más fuerza que nunca, iluminó lo que antes había estado sumido en tinieblas, chisporroteó, empezó a parpadear y se extinguió para siempre.

elvira.pngELVIRA

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