Breve e intenso. El autor, discípulo en cierto modo de Christian Bobin, refleja con su ligera y profunda prosa poética una parte del drama de la vida humana que puede suceder.
Lo que sucede en estas páginas es la enfermedad de su hijo: antinatural, incomprensible… Y que, sin embargo, acierta en su descripción del dolor, sin deja de ser ocasión de belleza para el autor-padre.
Me preguntarás: ¿Qué hay de bello en una enfermedad? ¿Qué belleza puede ocultarse tras un niño, inocente, con toda la vida por delante, que se apaga y pierde su pelo?
No puedo decirte nada: únicamente que te adentres en estas páginas con corazón abierto, sin miedo.
«Yo ya no pido nada, sin embargo. No escribo cartas a los Reyes Magos. Desde tu enfermedad, soy un papel en blanco donde tú vas escribiendo cada día una sonrisa, un vómito, una herida en los labios. Renglones ilegibles para el mundo cuyo sentido sólo puede desentrañar un tonto de remate, alguien que no espera nada ni emplea sus fuerzas ajardinando la vida».

Elvira, no se si atreverme con este….me atrae que comentas el acierto en la descripción de sentimientos, pero la temática y más en un niño….asusta.
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Perdona que haya tardado en responderte. Estuve dando vueltas sobre qué decirte y ya se me pasó el tiempo… No quiero hacer ningún spoiler, pero sólo describe el proceso interior cuando aparece el diagnóstico, sin acabar en ningún desenlace concreto. Cualquier cosa, lo hablamos sino mejor!
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