La posibilidad de quedarnos a solas, de aprender a escuchar unas palabras silenciosas que hablan de nosotros mismos, de descubrir zonas de nuestro ser quizá desconocidas u olvidadas… nos dispone a un estado de apertura y recepción que pocas cosas consiguen así.
Entonces nos espera otro riesgo: lo que yo puedo vivir, aumenta, se multiplican las cosas vividas.
Me rozo con más personas, caracteres, situaciones, experiencias… por lo que, cuando acabo de leer y vuelvo a la vida, capto el mundo de modo más claro, nítido, más a fondo su riqueza y su complejidad. En cierto modo, mi mirada cambia y se vuelve más aguda y más sensible.
De esta manera, puedo hacer más complejo mi pensamiento. Es distinto a que sea complicado. Me refiero a la complejidad en cuanto a capacidad de profundizar.
Los niños, a medida que adquieren conocimientos, son capaces de relacionar y por eso preguntan por qué, por qué, por qué de manera insistente. Ya no les vale un “qué es esto”, sino “por qué”. Posteriormente, iremos aprendido el “cómo”, “para qué”… El pensamiento de va haciendo más complejo.
Me hizo percibir la semejanza entre el desarrollo de la concha nacarada del molusco y el del espíritu humano. Igual que el manto milagroso del nautilo transforma el material que absorbe del agua, convirtiéndolo en parte de sí mismo, así los conocimientos que vamos adquiriendo sufren una transformación que los convierte en perlas del pensamiento.
La historia de mi vida, Helen Keller.
La historia de Helen Keller: una niña ciega y sorda, algo salvaje debido a su incomunicación. Hasta que su institutriz logra enseñarle ideas, palabras, hasta ser capaz de estudiar y de ser una escritora. De sensaciones a pensamientos. Ella misma también decía que todo objeto tiene un nombre, y cada nombre evoca un pensamiento.
Lo positivo de este asunto es que conozco más y, por tanto, puedo disfrutar más; y el peligro es que me hago quizá más sensible a lo que veo: ¡corro el riesgo de comprender mejor a los demás! ¡De que la realidad golpee más fuerte mi sensibilidad y mi percepción!
Por tanto, abro puertas a la compasión, la cercanía, al dejarme afectar… Dejo de ser una extraña para las cosas, porque las reconozco. O más bien sea al revés: las cosas dejan de ser extrañas para mí. Y me sorprenden.

En un artículo leí que existe un “después” de la lectura que forma parte de la lectura misma, y tiene lugar en mi mirada: ya no sólo “miro”, sino que “miro-con” o “miro-desde” lo que he leído. Y esto lo provocan los libros de buena calidad literaria: me roba tiempo, me desnuda la identidad abriéndome a otros modos o incluso asimilándolos, sin embargo, el libro me redimensiona en la vida.
Una “5ª dimensión”. Aumento mi horizonte vital, y al ver con perspectiva, adquiero un aprendizaje vital.
Vuelvo a recoger esta cita:
Nadie sin alas tiene el poder de captar lo que está cerca. Las alas nos lo dan lo real, lo real contemplado de cara, de frente, tal y como es, necesariamente no conforme a nuestros deseos.
Autorretrato con radiador, Christian Bobin.
Los libros educan lingüísticamente: nos abren los ojos a lo potencial de las palabras, nos hacemos sensibles al idioma, seremos mejores si vamos utilizando con mayor finura y precisión las palabras para expresar nuestro ser y convivir con los demás.
Es probable que una persona que habla a medias, piense a medias, exista a medias.
Dejo otro ejemplo que quizá nos ayude a entender un poco mejor los celos.
Así, que ese Swann que antes, cuando viajaba, iba buscando las caras nuevas y las reuniones numerosas, huía ahora como un salvaje del trato de gentes, como si la sociedad humana lo molestara profundamente. ¿Y cómo no iba a ser misántropo si en todo hombre veía un amante posible de Odette? Y así, los celos aun contribuyeron mucho más que el deseo voluptuoso y riente que al principio le inspiró Odette a alterar el carácter de Swann y a cambiar de arriba abajo a los ojos de los demás, hasta el aspecto de los signos exteriores con que se manifestaba ese carácter.
En busca del tiempo perdido. Por el camino Swann. Marcel Proust.
