Con su camioneta podía ir a dónde quisiera, y con sus herramientas podía arreglar cualquier cosa, excepto el tiempo.

Tim Gautreaux queda reflejado con estas mismas palabras de su libro de relatos.

Un retrato, casi una radiografía de Luisiana, con una escritura precisa, nada sentimental, y que muestra vidas normales. Unas que pueden ser nuestras.

Los dos se quedaron en silencio, paladeando en su recuerdo las palabras de Janie, como si fueran delicadas caricias en la parte de atrás del cuello.

-Ojalá pudiera decirte algo, Wesley, pero, al menos para mí, ella era fundamentalmente una voz. Su voz lo era todo, era sus manos, sus piernas…

Con cierto tono optimista y de aceptación de lo que viene y de las circunstancias, narra diferentes historias con un elemento común: se hace necesario tomar una decisión. No importa en una situación más o menos extraordinaria. Lo que sí que tiene claro es que la vida se teje con decisiones.

Mientras avanzaba en su camioneta por el camino, vio en el espejo retrovisor una pequeña figura de piel blanca plantada en los escalones, dirigiendo la vista hacia él, pero sin verle, suponía. Se concedió esa última mirada. Una mirada, pensó, era todo lo que el podía tener.

Y aunque muestre en ocasiones un contexto duro, crudo, esto no impide dejar a relucir algún comentario de humor, sin dejar de mantener una gran agudeza en sus reflexiones y pensamientos.

Personajes, historias, hechos… muy próximos a nosotros.

Dentro de su cabeza, algo siseaba y estallaba, como el beicon cuando se está friendo.

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