Jaan Kross escribe una novela histórica entrelazada de memorias. Habla a través de un alter ego, Sierkel, que ha mantenido una amistad a lo largo de muchos años con Ullo Paerand.

Es al final de sus años que decide entrevistarse con Ullo, retomar notas que ha recogido desde jóvenes y escribir los hechos de su vida a medida que avanza asimismo en la historia de Estonia desde el fin de la revolución bolchevique hasta la Segunda Guerra Mundial.

La madre de Ullo encajó increíblemente mal la noticia de que quedaba legalmente disuelto su matrimonio, aunque su marido llevase varios años huido y conviviendo con otra mujer. Para Ullo, en cambio, no constituía más que el último eslabón de una cadena de ausencias prolongada durante muchos años, pero para la madre, como ya hemos golpe durísimo. Fue como si se congelase por dentro. y tuvieron que pasar bastantes meses para que ese hielo interior se derritiera. Además de que, posiblemente, nunca llegase a descongelarse del todo. Y Ullo no podía dejar de darse cuenta de que su madre no era la misma, de que no sabía cómo consolarla. El consuelo que le ofrecía era demasiado impaciente, demasiado racional, demasiado quebradizo. Y esa relativa impasibilidad de su madre provocó que, a él, su presencia le resultara casi inaguantable, lo cual equivalía a una traición, una traición a su propia madre… ¡Dios lo librase!, pero es lo que sentía cuando le acariciaba la mejilla en el huerto, con los ojos enrojecidos y la mirada perdida, al notar cómo se le había encallecido la piel de las manos de empuñar la pala para retirar la nieve… «¡Vale, vale, ya está, hijo! Tienes razón, soy tonta, pero perdóname que no pueda remediar…». Ullo era consciente de cómo odiaba ese dolor de su madre, y de que el victimismo con el que ella se enfrentaba al dolor los iba apartando cada vez más uno del otro, en lugar de acercarlos (lo que ella habría deseado).

Por las circunstancias que le suceden desde temprana edad, se ve obligado a vivir una precariedad contra la que luchará desde entonces. Destaca por su memoria prodigiosa, y no tiene problema en trabajar fabricando maletas, ayudando a su madre con una lavandería, corrector y profesor, periodista deportivo, miembro del gabinete del primer ministro…

Sin embargo, no sucedió nada de nada. Acaso nadie escuchase la emisión. O bien la escucharon, pero no fue difundida. O, si la difundieron, no llegó adonde tendría que haber llegado. O, si llegó, en el fondo no se trataba del sitio adecuado. O bien sí lo era, y el mensaje fue efectivamente radiado de inmediato al lugar donde estaba quien podía intervenir, pero todo aquello no tuvo efecto alguno para nuestra causa y no tuvo, por así decirlo, ninguna consecuencia (como, por otro lado, era de esperar).

Describen la disidencia, el silencio, la decadencia, la falta de libertad, la lucha…

El autor no tiene prisa por escribir. Sin embargo, al llegar al final se apresura ligeramente para narrar el fin de Ullo. Un fin que se viene masticando aunque sorprende igualmente. Un fin que viene de la mano de palabras textuales de Ullo…

Deja un comentario