Aquí… y ahí (IV)
Acaba el camino, el proceso…
Se cierra este camino. Tras los obstáculos y dificultades internos… llega la conquista. No se trata de algo exterior, sino de «muy dentro».
IV. NADA.
Sin embargo… vacío.
Un todo plenamente hueco.
…
Decido pisarlo.
Descubro entrecerrando los ojos
un mar distinto,
un cuerpo diferente,
un monte único.
Ni tormentas, ni calles;
ni árboles, ni personas.
Una mirada… adentro.
Con ojos cerrados.
«Ésta será la tuya».
Despejo aquello,
y meto mis pisadas.
Penetro ese adentro.
Alrededor… arena, polvo,
calor.
Viento ardiente,
que pronto se torna hielo.
Dunas humeantes,
aire áspero de brasa.
Y así… con nada,
y sin nada,
lo alcanzo. Tú.
Desde dentro.
Para volver a releer los distintos pasos:
Nueva autora: Maraveglia
Hace unos días me escribió Maraveglia, autora asimismo de un blog, pidiendo colaborar. Se ha identificado con el modo de sugerir libros mediante un sonido y unas palabras, y quiere compartir sus lecturas de este modo. En esta entrada os quiero presentar a la nueva autora, con la foto que me ha enviado. Y mañana … Sigue leyendo Nueva autora: Maraveglia
1984, de George Orwell
Un frío metálico comienza a recorrer mi cuerpo: inicia su conquista violenta y callada por mis ojos, hasta ocupar cada poro de la piel. Una ficción basada en la realidad que, al aparecer tan detallada y documentada, me confunde. La conciencia de Winston comienza a rechinar ante el funcionamiento del Gobierno: La guerra es la … Sigue leyendo 1984, de George Orwell
Faro del Valle
Ya sea caminando por la Angostura, o subiendo al Cerro de La Escusa;
ya sea dejándome llevar por la carretera franqueada por los árboles;
o únicamente, asomándome a la ventana…
Mi mirada quiere ser tú,
Pero solo ella… es posibilidad.
Tu presencia acaricia;
invisible, posas tu no-cuerpo;
en silencio cubres con tu no-voz.
Únicamente eres un roce
abstracto y real,
sin contexto y duradero.
Robas destellos, en ocasiones verdes,
y a veces de fuego.
Mis ojos te persiguen,
y tratan de alcanzarte.
Alargo hacia ti los dedos de mi visión.
Nada…
Me conformo con verte…
apoderándote de tanta vida,
estática y en infinito cambio.
Observas su crecimiento cada día
con paciencia inalterable.
Conquistas las cumbres,
desciendes pausadamente,
presenciando aquellas hojas,
viviendo esas cortezas,
robando las frías piedras.
Todo cubierto.
Todo tú apoyado (y apoyada).
Mis ojos anhelan apresarte:
pretendo tocar como tú haces,
callar con tu figura etérea.
Yo también…
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Tus manos
A mi madre
Un ascenso lento, pausado.
Luego un ligero cambio de rasante,
y una bajada acelerada.
Movimiento reiterado,
con suavidad y ritmo…
Incansable de esta caricia,
a veces no puede más,
y la ansiedad domina:
aprieta para detenerla… solo unos instantes.
Una vez más: arriba y abajo.
Los surcos de sus huellas
reconocen el camino.
Una memoria sentida…
¿Por qué?
¿Qué propósito?
Quizá, un simple juego.
Una distracción pueril;
modo de pasar las horas:
subidas y bajadas,
y presiones sobre las venas.
Sin embargo, tal vez…
Más.
Quizá, una ambiciosa pretensión:
grabar en sus dedos
el relieve de su carácter,
asomado en aquel camino sinuoso.
Reconocer la delicada firmeza
de las formas de su personalidad,
esculpida en la piel,
memorizada en arrugas…
Traspasada.
Sí. Quizás…
Una aspiración madura, e infantil.
Por: Elvira Lorenzo López (España)
sonidodeansar.com
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