Crimen y castigo, de F. Dostovievski

Un largo y tortuoso camino comienza desde las primeras páginas. Las pisadas proceden del interior del protagonista, Raskólnikov, que hace crujir el hielo sobre el que anda tambaleante.

Angustia y un profundo desaliento, unidos a un orgullo y superioridad que provoca un resultado en apariencia paradójico… Raskólnikov se ve muy apurado, y sólo ve una opción de salida a su miseria: una muerte. Además, se trataría de un “favor” a la sociedad, le convence su propio pensamiento.

Su interior se suma aún más en la oscuridad y el frío, y parece que no hay salida. Sin embargo, paulatinamente, cuando el hielo está a punto de resquebrajarse en su totalidad, surge una mano cargada de un fuerza que le hará alzarse sobre sí mismo… y resurgir.

¿Qué fuerza puede existir con tanto poder? ¿Es posible el perdón? ¿… y el más difícil que es el perdón a uno mismo?

El autor es un maestro como pocos de reflejar el mundo interno del ser humano como un mapa: palabras precisas y certeras que identifican valores, sentimientos, dolores, fuerzas… universales. Me reconozco en esas palabras de hace un par de siglos: señal auténtica de la validez de la obra como literatura universal, capaz de trascender el espacio y el tiempo.

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ELVIRA

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