Durante estos meses, ¡cuántas veces te he dicho que me metías mucha prisa! Logras acelerar hechos y situaciones para concentrar experiencias. Eres difícil de entender… Casi diría que te guías por cierto capricho. Azar sé que no, tampoco pretendida intención: una mezcla entre circunstancias que se dan, oportunidades… y, como te vengo diciendo, algo de prisa.

Ahora, en esta situación que ha afectado tanto y a tantos, me repito para mis adentros a cada poco esas palabras que pronunció un sabio del campo: «En la vida normal todos somos grises: cuando pasa algo gordo, nos convertimos en blancos o negros».

El entorno está tiznado más bien de negro, con algún claro de color: ¿auténtico o dentro de poco se teñirá también de muerte?

Cuando estuve desalojada, aguardando el momento oportuno para regresar en las proximidades, me cambió la percepción que tenía de ti.

Sí, ocurrías, tenías lugar, y a la vez te mantenías en cierta parálisis. Tu paso era, es, inevitable. Firme y constante, pero nos tenías frenados, daba lo mismo nuestra situación o nuestras posibilidades concretas.
Nos has agarrado con tu mano, y cuando aflojabas y hacíamos algún plan para esa tarde, para el día siguiente, volvías a aferrarnos y lo ideado se desmoronaba. Sin embargo, nos rehacíamos. No has limitado nuestra reflexión y decisión: únicamente las ponías a prueba casi caprichosamente.

Y es que no sabes conjugar; sólo en presente.

Hablar en pasado o de futuros es un sinsentido, un absurdo porque no entra en tu diccionario ni en tu gramática.

Tu sintaxis es sencilla, y la morfología que necesitas no tiene grandes complicaciones. Escasos sufijos te rodean para que eches mano de ellos.

Y es que el presente te sobra. Te basta.

Suficiente comunicación. Necesidad y deseo cubiertos con un único tiempo verbal.

Ensordeces tu entorno con el uso de tiempos distintos, tan diferentes y separados del presente que no tienen cabida en tu mirada.

Cuántas palabras caen en el olvido con la práctica de este nuevo lenguaje o, al menos, si no olvidadas porque no conviene, sí subordinadas al poder de una terminación.

Cuántas preguntas se reconducen si se formulan bajo el eje del hoy.

Cuántas respuestas nuevas y frescas surgen, aparecen, con la luz de un ahora, cargado de minutos y segundos con el recorrido de un escalón por día.

Cuántas dudas, planes y conversaciones quedan desalojadas en una presencia que permanece.

Pero sin mañanas ni ayeres con adverbios absurdos, aunque no ridiculizados. Únicamente colocados en su lugar.

Sin embargo, tú mismo te encuentras suspendido en este momento. ¿Hablo de momentos? No existe apenas un ahora.

Tú, tiempo presente, tiempo del ahora y del momento, cuelgas de un hilo invisible en un espacio incierto. Tu figura flota en un aire de origen y destino desconocidos.

En tu uso habitual, dejas entrar cierto atisbo de futuro. Mínimo, sí, y es que un momento se carga de algo de tiempo.

Pero ahora aguardas en suspensión hasta volver a cobrar tu protagonismo de siempre. ¿No ves que se inicia un paso, un gesto, un movimiento y que quedan evaporados en un instante?

¿Qué es un instante sino la expresión de la mayor brevedad posible? ¿Y qué es tu presencia muda sino la impotencia de unos minutos que tratan de apoderarse de una acción?

No creas que desestimo tu fuerza y tu alcance. Para nada es así. Simplemente observo tus alas recortadas, dejando que tu sombra quede inclinada sobre aquel escalón que debía subir.

Únicamente veo tu lenguaje y tu realidad transformados en un humo que a medida que emerge, ya desaparece.

Si trato de utilizarte, tu sola expresión se me escapa de los dedos. Huyes de todo roce porque estás viviendo prisionero ahora mismo en un lugar intrínsecamente incierto.

Al menos resistes. Pervives en un intento tras otro de manifestación.

La verdad es que tienes coraje. Porque permaneces como posibilidad.

Y ante esta niebla que conquista nuestro entorno, aguardas con paciencia para recuperar el sentido de tu conjugación.

Sin embargo, mientras esperamos a que las Parcas te corten, rompan tu poder sobre nosotros y que nos lancen a la eternidad, seguimos renaciendo de ti y desde ti.

Y es que por ti continuamos construyendo. Para los siguientes.

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