Antes del amanecer comenzó a oír cosas. Era de aquellas personas que son capaces de despertarse sin abrir los ojos y que dejan que el nuevo día les llegue por el sonido, en vez de por la luz. Aquella mañana escuchó el incesante quejido de las bocinas de barcos camaroneros y remolcadores, que surgía de entre la niebla.

Las páginas muestran. El autor no tiene necesidad de publicar ni quiere ser conocido: su principal meta es escribir y escribir mostrando lo que ha sido su realidad, y la realidad del lector aunque éste muchas veces no lo sepa. Así que sus palabras, sus paginas cumplen la misión para la que fueron concebidas.

Es sureño y no le gustan las etiquetas. Se percibe en la narración de los dramas con realismo un cierto tono de esperanza. O al menos, no deja entrar el cinismo ni cabe imaginar una falta de transparencia.

Profundizamos a través de una prosa ágil y certera, muy cuidada, especialmente en las identidades de los personajes. Y al mismo tiempo, una prosa enteramente cotidiana.

Junto a la barra había tres cementadores de los pozos de petróleo, con casco y mono de trabajo, que estaban discutiendo quién iba a pagar la siguiente ronda. Uno agarró el brazo de otro para insistir, y el polvo de cemento que quedó flotando en el aire pudo verse sobre la luz nacarada del neón de una marca de cerveza. Un tábano se estrelló contra el matamoscas eléctrico encima de la barra, y los hombres levantaron la vista hacia el áspero chisporroteo.

Tim es un explorador desde el lenguaje. Busca entrelazar la tradición, los principios y valores con el futuro y el avance. No tiene miedo a mostrar la pobreza y la miseria ni aquellos años de ausencia de trabajo y malvivir.

Paul se dio cuenta por primera vez de cómo la vida cambia en medio de una frase, y el cerebro pasa de ocuparse de una anciana señora preparando alubia verde a enfrentarse a la muerte de un padre, que llega en palabras imparables e inesperadas como balas.

Paul es mecánico (por cierto, atención a la descripción minuciosa del autor en todo lo referente a las máquinas) y Colette trabaja en un banco, pero todo le sabe a poco… Le cuesta creer que su marido tenga tan pocas ambiciones y tenga tanta facilidad para caer en cualquier pelea en los bares. Así que pide el divorcio.

Él decidió en ese momento que no debía forzar las cosas, con la esperanza de que las piezas rotas de su matrimonio pudieran volver a soldarse. Sabía que Colette quería irse de Tiger Island para hacer lo que haría cualquier otro que tuviera su belleza y su cabeza: ir a probar otro lugar en el mundo, uno al menos. Tiger Island la estaba arrastrando hacia sus modos de pueblo castigado por la humedad y el sol. Era de Tiger Island hasta el tuétano, emparentada con medio pueblo, y le resultaría duro romper con el ceremonial de la familia, su comida, su baile y el cementerio donde los suyos habían sido enterrados durante doscientos años.

Poco después, se marcha a California donde consigue un buen puesto de trabajo, dinero, un coche… Y pretendientes no le faltan.

Él intenta olvidarla tal y como parece que hace ella: parece sencillo.

Había intentado olvidarla saliendo con otra mujer una divorciada de Labadieville con dos niños de cara pálida y dulce, pero, aunque tenía su misma edad, parecía una generación más vieja. Ella había pertenecido a otro y Paul pensó que probablemente ella sintiera lo mismo con respecto a él: que era como un coche usado que todavía olía a su anterior dueño. Intentó darse a aquella mujer y descubrió que no se pertenecía para darse a ella.

A partir de ese momento, entre tonos de franqueza y de sarcasmo, la historia da sus pequeñas vueltas poniendo en cuestión la integridad de los personajes, colocando en contraposición el deber, el honor, la inmadurez, la negligencia y el alcance del amor.

A la mañana siguiente, se quedó tumbado en la cama. Se sentía como uno de esos sacos que el río ha arrastrado hasta la orilla. Mantuvo los ojos cerrados y escuchó. En la cocina, su madre ya le había preparado la fiambrera y la había dejado caer sobre la mesa. Una sartén golpeó el fogón y su madre echó café molido en la cafetera. Abrió los ojos y se dejó caer de la cama, con la esperanza de que la mente no acompañara al cuerpo. Quería ser solo cuerpo, aunque no fuera más que un día.

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