Sí, hoy toca un 2×1. En un mes he leído los dos libros y la conclusión a la que he llegado con ambos es la misma. Pero lo dejo para lo último.

Los reyes de la casa es ágil y nos envuelve en la sucesión de una historia que se compone de varias. Una mujer, cuando era joven, intentó participar en un reality show. Un fracaso que ha permeado su vida conduciéndola al punto contrario: una esposa feliz y madre de dos hijos. Una familia aparentemente maravillosa y que ha encontrado el éxito en el mundo de las redes sociales.

Necesitaba su atención. Sus halagos. Gracias a ellos sentía que era única.

Están forrados gracias a todos los seguidores que visualizan los infinitos retos que graban de sus hijos.

Sin embargo, la felicidad se tuerce cuando la pequeña desaparece cuando está jugando con otros niños. ¿Secuestro? ¿Venganza? ¿Chantaje? Y esto destapa un sinfín de realidades y pensamientos. Bueno, quizá se trate de una sola.

¿Cómo hacer amigos cuando no sabes nada de su vida y ellos miran la tuya a través de una pantalla? Estábamos solos. Marginados. Admirados o detestados, idolatrados o insultados. «El precio de la fama», decía mi madre… Y eso no era lo peor. Lo peor era que no estábamos a salvo en ningún sitio.

Y al final, aunque la denuncia se respira desde el principio, llegan las acusaciones, el drama real de una vida volcada en una pantalla…

Pero a cambio de un clic, de un corazón, de un pulgar levantado exponíamos a nuestros hijos, a nuestra familia, contábamos nuestra vida. Cada cual se había convertido en el administrador de su propia exhibición, y esta se había vuelto un elemento indispensable para la realización personal.

Ahora tomemos Los figurantes. Teatro, breve e ingenioso. Giros o intervenciones de las que se podría sacar punta a los personajes secundarios que son los principales, incluso a los personajes del público (habrá que verlo representado).

BRUNO. (A Joyce.) Yo a los jóvenes siempre les digo: figurante, si lo piensas bien, tú ERES el decorado… ¿Entiendes lo que quiero decir? ¡Del verbo ser! ¡Un decorado humano, vivo, imprescindible! Sin figurantes no habría calles, ni tiendas, ni estaciones ni aeropuertos. ¡Si el cine se parece a la vida es gracias a nosotros! Grábatelo en la cabeza: sin nosotros, nadie se creería nada… Así que yo me siento orgulloso. Orgulloso de eso.

Entre los personajes encontramos los que se conforman con ser figurantes, un «relleno invisible». Incluso orgullo y defensa.

JOYCE. Pero ¿qué época estamos? A momentos me pregunto si no hemos ido un poco hacia atrás…

NORA. Mirando a unos y otros. En efecto, no pue-de decirse que haya mucha coherencia entre nuestros personajes… Lo normal sería que nos dijeran de qué va la película…

ORSO. La verdad es que a mí me da bastante igual…

NORA. ¿Cómo?

ORSO. Pues eso.

NORA. ¿Y por qué?

ORSO. Porque si te paras a pensarlo, grosso modo, todos hemos aterrizado en una historia que ya había empezado cuando llegamos y de la que van a echarnos antes de que termine…

NORA. Hombre, visto así…

ORSO. Siempre hay un momento en el que creemos que vamos a poder lucirnos…, hasta que nos damos cuenta de que somos invisibles.

NORA. Qué buen rollo…

Hay quien cuestiona y pregunta, otros que aceptan las cosas como son, o que al menos no dejan de llamarlas por su nombre, y hay quien da su nota de protesta y reivindicativa. Y detrás de todos ellos hay una historia, que quizá no nos planteemos que existe al percibir apenas una sombra.

BRUNO. ¿Sabes? Yo antes trabajaba en una central de compras para la gran distribución. No había terminado la formación profesional, tenía cero perspectivas, me dejaba la espalda cargando cajas. Y de pronto, un buen día, rodaron una peli en mi barrio. Buscaban jóvenes con bicicleta. Mi hermano me dejó la suya y me cogieron. Me pareció genial. Ver el cine tan de cerca. Así que me dije: puestos a ser invisibles, mejor serlo aquí. Donde todo brilla, donde pasan cosas.

Un halo de luz va rodeando progresivamente a Bruno, iluminándolo cada vez más. Los otros lo miran y lo escuchan con mucha atención.

BRUNO. (Como sintiéndose súbitamente expuesto.)

A mí me gusta la magia. Los efectos especiales, los decorados, la nieve artificial, la lluvia falsa…, todo eso me hace soñar despierto. De pequeño, yo era fan de El hombre invisible, aquella serie de los setenta. Cada vez que la reponían, la veía con mi abuela. El protagonista tenía un corte de pelo espectacular, un poco como el de Dave… A mí me parecía precioso. Me encantaba la manera que su pelo tenía de moverse y de volver luego a su sitio. Era increíble…

Y de nuevo, terminando la obra, el mensaje de denuncia social.

Y aquí viene mi conclusión, que puede no ser compartida: ¿Habrá dejado a un lado la autora su estilo de mostrar la realidad y se habrá vuelto excesivamente evidente? Se trata de sus últimas obras escritas, y, como siempre, tiene una forma de escribir que atrae al lector, que lo absorbe mientras expone dramas que son muy cercanos a nosotros.

No obstante, me parece que ahora busca evidenciar con mensajes que me suenan a facilitar la digestión de la moraleja… Quizá está visión se deba a qué yo sea más sutil y prefiera que la realidad hable por sí sola y que el lector saque sus conclusiones.

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