y oye a Marta gritar y oye a la vieja matrona Anna decir ea, empuja otro poco, muy bien, Marta, y la vieja matrona dice ea, empuja otro poco, y algo le presiona la cabeza y la oscuridad ya no es suave y roja y tantos ruidos y un ritmo constante a a da da a a a da ay a o ea e a e a arrulla a susurra a y al río viejo y o acuna u a u agua a u a e a ea todo es a constante y voces y ruidos y ea empuja ea ya e frío corta y afila piedra ea atrás ea adelante ea cortante ea duelen brazos duelen piernas duele todo ea dedos ea acurruca corta ea todo ea agua aua calma e a o a ruge ue voces e a e ya e asíya y luz de allá sí de allí sí de otro lugar ua ya no está y ruge u e a ya ruido y sale a lanzado y ahora manos y ahora dedos curvos dedos y los viejos y ya no está todo en una vieja casa de agua en un viejo mar de musgo y estrellas luminosas que se acercan y se alejan y ya llegan y claro no está nada pero todo atravesado por una claridad como de una estrella y frío y suave limitado línea a tierra y ya el silencio en un silencio grande y viejo de aquí y no de adentro
Johannes nace un día cualquiera al mismo tiempo que cualquiera podría ser Johannes. Se funden los hechos con los pensamientos de unos y otros, las palabras.
Quizá sea esta fundición la causa de que algunos signos de puntuación queden derretidos hasta desaparecer en un ritmo cotidiano y poético, tan normal y tan extraordinario como es la vida misma. Como pueda ser una mañana. Como pueda ser un nacimiento.
¿Estás bien, Marta? dice Olai
y piensa que algo tenía que decir, no podía quedarse ahí callado, titubeando, en un momento como este, piensa Olai, de pie junto a la cama en la que descansa Marta con el pequeño Johannes al pecho y Marta no contesta y Olai ve a Marta abrir los ojos y mirarlo y Olai no entiende esos ojos, es como si lo miraran desde algún lugar remoto y parecen saber algo que él no sabe, y la verdad es que él nunca ha entendido a las mujeres, ellas saben cosas, cosas que él no entiende, cosas que no dicen y seguramente tampoco puedan decir, porque decirse no pueden
Sí, dice Marta a media voz
Qué bien, dice Olai
Solo que está cansada, como entenderás, dice la vieja matrona AnnaCansada, repite
y Johannes ve que Marta asiente con la cabeza y ve que cierra de nuevo los ojos y luego vuelve a oír su respiración, tranquila, lenta
Tienes que traerte a Magda a casa, dice Marta desde el fondo de sí misma
Sí, claro, dice Olai
y no entiende por qué la voz de Marta viene de tan lejos, es como si al hablar no estuviera aquí en la alcoba, con él, sino en algún otro lugar donde solo está ella, en una gran calma
Para que salude a su hermano, dice Marta
Sin embargo, la mañana va quedando atrás mientras el día avanza.
Uy, no, pero ¿esto qué es? dice Johannes
Qué cosa tan rara, dice
y prueba a sacudir la mano y no sirve de nada ¿y de qué iba a servir? piensa Johannes ¿y no tiene también la cara un poco adormilada? pues la verdad es que sí, piensa Johannes, con lo sano que ha estado él toda la vida, pero seguro que esto tampoco son más que imaginaciones suyas, será mejor que salga un rato con la barca, que intente pescar como antaño, pues claro que sí, eso hará, no va a dejarse amedrentar por ese señuelo que aquel día se negó a hundirse, y
La tarde se aproxima implacable para todos. Para cualquiera. En un día cualquiera. Y no se sabe ni cómo ni en qué momento se cierne sobre uno.
Todo se vuelve confuso aunque posiblemente no confunda.
no piensa mirar atrás, se va a ir derechito a casa de Peter, piensa Johannes, porque la verdad es que a Peter le hace ya mucha falta cortarse el pelo, piensa Johannes, hay que ver lo largo y canoso y ralo que lo tenía, daba lástima verlo, piensa Johannes, y echa a andar hacia casa de Peter y ahí, ahí en el camino ¿no es Signe, su hija menor, la que viene por ahí? sí que es Signe, pues puede que venga a verlo a él, piensa Johannes, mira qué bien, piensa, y se para y la espera en la cuneta y ve a Signe bajar con paso decidido por el camino ¿y por qué parecerá tan preocupada? ¿y por qué no se fija en él? Signe avanza a buen ritmo y no nota que él la está esperando a unos pocos metros, en la cuneta, Signe, la hija menor, viene derecha hacia él ¿y no lo ve? pero ¿qué le pasará a Signe? piensa Johannes ¿por qué hace como si no lo viera? piensa
Signe, Signe, oye, Signe
Y al caer el día, sólo queda desacostumbrarse uno a ello. Sí, al día, a la vida, a uno mismo. Porque todo es tan normal que te acostumbras.
